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¿Qué son las etiquetas nutricionales?

Hoy en día existe un sinfín de información online sobre cómo leer etiquetas de información nutricional de manera segura, efectiva y fácil.

Este artículo del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos ofrece un resumen de pautas a seguir para entender los porcentajes, valores y números que componen dichas etiquetas.

El objetivo principal es promover el consumo informado y “responsable” con base en los valores nutricionales que aparecen al costado ó en las “tapas” de los alimentos empaquetados.

Sin embargo, la razón detrás de este post no es necesariamente explicar cómo leer números y proporciones sino más bien redefinir cómo no hacerlo. En otras palabras, ¡escoger alimentos no procesados, orgánicos y lo más cercanos a su forma natural posible!

Los alimentos sin etiquetas nutricionales son aquellos considerados como wholefoods ó alimentos completos; o sea, sin químicos ni sustancias artificiales y con mínimo ó nulo procesamiento (usualmente, tampoco vienen empaquetados). Para nutrir nuestro cuerpo con alimentos llenos de prana (energía vital) y valor nutritivo, la fórmula es muy sencilla: entre más cercanos a la naturaleza y frescos, mejor. Por ejemplo, frutas y verduras orgánicas, granos enteros, legumbres, nueces y semillas crudas, lácteos de vacas de pastura, entre otros.

Como dice el dicho: “Si no se pueden pronunciar los componentes de una lista de ingredientes de alimentos procesados, ¿qué nos haría pensar que nuestro cuerpo los va a reconocer?” No obstante, en la sociedad y ritmo de vida en los que vivimos no siempre tenemos la opción de priorizar productos sin procesar en nuestra cocina ó lista de compras.

Por este motivo, es fundamental y útil que aprendamos a interpretar listas de ingredientes de alimentos como total expertas de nuestra salud y concientizarnos sobre el efecto de nuestras acciones – por más pequeñas que sean – en nuestro bienestar, planeta e industria alimentaria.

Antes de continuar, quiero dejar en claro que no estoy abogando en contra del procesamiento de alimentos. Es justo decir que la mayor parte de lo que consumimos hoy en día debe de convellar aunque sea un mínimo de procesamiento para el uso humano seguro. Qué tantos alimentos procesados escogamos comprar e ingerir depende de nuestra intención por educarnos y ser mejores consumidores.

Aprender a leer etiquetas de información nutricional puede ser más confuso que sencillo, en especial porque no existe un reglamento global y estándar al respecto. Sin embargo, es importante no consumir un alimento dejándonos guiar por lo que dice el paquete (muchas veces llamativo y engañoso) ó por la manera en la cual es publicitado. Muchos de los términos trendy de hoy en día pueden ser erróneos, ambiguos y sin ninguna base científica que los respalde ó regule. “Natural”, “multigrano”, “sugar free”, “fat free”, “light”, “bajo en azúcar”, entre muchos otros, son ejemplos de palabras que en realidad no significan nada.

A continuación, algunos tips generales a tomar en cuenta a la hora de comprar productos con etiquetas de información nutricional:

  • Leer el tamaño de la porción: Usualmente ubicado en la parte superior de la etiqueta. Es muy fácil leer cuántas porciones contiene el producto para calcular el valor nutritivo total del mismo.
  • Escoger las calorías: Definitivamente, no creo ni respaldo el contar calorías como una forma de mejorar nuestra salud, sino más bien como una simple referencia numérica para evaluar el valor de los alimentos. No todas las calorías se crean ni absorben de la misma manera, por lo que una galleta Oreo de 50 calorías tiene un valor nutritivo muy distinto a un puño de almendras orgánicas y crudas con un valor de 100. ¡Creo que es obvio que nuestro cuerpo apreciaría mucho más las almendras que una galleta producto Nabisco!
  • Menos azúcar: ¡Ojo con el azúcar! El azúcar añadida equivale a menos nutrientes esenciales y más efectos nocivos en nuestro cuerpo. Algunos nombres comunes del azúcar añadida son: glucosa, fructuosa, siropes, jarabe de maíz y sacarosa. La industria alimenticia tiene formas ingeniosas para disimilar los nombres de las azúcares añadidas.
  • Menos sodio y más potasio: En particular, si se sufre de hipertensión, diabetes u osteoporosis. Consumir más potasio y menos sodio (pensá: bananos, camote, remolacha, ciruelas secas, etc) está relacionado con un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y alteraciones en la presión sanguínea.
  • Grasas: Evitar grasas trans y niveles elevados de colesterol. Enfocarse en grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas (pensá: nueces y semillas, salmón y trucha, aguacate, aceite de linaza,etc) y hacerlas parte de la vida cotidiana.

En Resumen

Aprender a leer y entender la información de las etiquetas nutricionales no debería de ser motivo de ansiedad alguna, sino más bien una guía de referencia para alimentarnos con consciencia. No obstante, lo más importante es realmente conectarnos con nuestro cuerpo para descubrir los alimentos que nos benefician ó perjudican, que nos nutren ó nos alejan de nuestro bienestar. De ser posible, recordá escojer alimentos sin procesar, orgánicos y frescos. Nadie mejor que tu cuerpo sabe qué necesita, más allá de lo venga escrito en cualquier etiqueta. Por eso: escuchá, actuá y disfruta.

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